Prostitutas en cuba prostitutas viejas

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Vive con sus padres, su abuela, dos hermanas y un cuñado cerca de la calle de la Belascoaín, en La Habana Vieja, y algo le toca de la porción de comida que su padre reclama mensualmente en la bodega de alimentos de la esquina y de lo que consigue llevando turistas al mercado negro del tabaco.

Esta mujer se reparte cada mes con toda su familia algo de arroz, algo de fríjoles o de chícharos, o de garbanzos , algo de aceite y de sal, algo de puré de tomate. Su abuela también, por ser anciana. El Estado se las garantiza. Se acuesta muy tarde y se levanta hacia las diez de la mañana. El sol les cae encima a todas las grietas de sus casas viejas. Una mulata joven mirando por un balcón en el que ventean las ropas tendidas al sol.

Un viejo de mil años con un tabaco encendido y los ojos cubiertos por las cataratas. Un grupo de jóvenes que cantan son cubano con cara de felicidad. Unos niños recibiendo clases, con las ventanas abiertas, en un salón derruido pero digno. Un Chevrolet viejo y descapotado al lado del mar. El sol les cae por encima y todas esas casas gigantes y viejas, carcomidas por el tiempo, pero alumbradas todavía por el color que alguna vez tuvieron, se ven grandiosas.

Hay oleadas de olor a mar. Magally se levanta y se viste directamente. Come arroz de la olla antes de dar una vuelta. Esta mujer dice que le gusta sentarse en los bordes del malecón y hablar con sus amigas. Que luego de darse una vuelta almuerza en su casa y que eso le gusta, porque antes, cuando esta mujer estudiaba, se llevaba algo para comer en la universidad: A veces duerme siesta.

O ve televisión, pero no le gusta mucho. No hay muchos programas. Se asoma a la revista como si se asomara al mundo. La entiende de a pedazos, porque no habla muy bien inglés, pero mira los retratos largamente. Especialmente, claro, de Martí: No porque le gusten, sino porque a esta mujer así la educaron en el colegio. No tiene nada de extraño. Cuba tiene cerca de once millones de habitantes. En la oscuridad, los colores de la piel son uno solo.

Pero las densas tinieblas que bañan de misterio y lujuria los barrios de La Habana tienen una utilidad enorme para decenas de mujeres que devengan el sustento diario de los servicios sexuales que les prestan a propios y extraños. Encontrar una chica de rítmico andar, escasa de ropas y con pintura barata en el rostro es casi una constante para aquel que decide sumergirse en el bajo mundo de una urbe en la que 20 CUC, adquiridos de cualquier manera, determinan el sostén de un hogar.

El sector social no importa. Las de Playa y las de La Cuevita son cubanas que viven un mismo drama; hijas de una misma desgracia llamada comunismo. Cree que su padre era un jamaiquino que se esfumó como el humo de los tabacos. La historia de Mary es un drama de principio a fin. Nació y creció sin un padre, su madre era una costurera con problemas de alcoholismo y un tío le quitó la virginidad a los 13 años.

A los 17 se lanzó a las calles del Vedado y desde entonces no conoce otra vida que no sea la que vive entre hombres que le prometen el cielo y la tierra, pero que a la postre solo le pagan por un momento de pasión.

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