Lenocinio concepto prostitua

Marxists Internet Archive, enero de Nuestros reformistas hicieron de repente un gran descubrimiento: Los diarios se llenaron de exclamaciones y hablaron de cosas nunca vistas e increíbles, y los fabricantes de leyes se prepararon para proyectar un haz de leyes nuevas a fin de contrarrestar esos horrores. Resumiendo las recientes investigaciones sobre la trata de blancas -por lo pronto muy superficiales- nada de nuevo se descubrió.

Y el desaforado grito contra la trata de blancas, es precisamente eso. Naturalmente es la explotación, que engorda el fatídico Moloch del capitalismo con una labor pagada a un misérrimo precio, lo que empuja a miles de jóvenes mujeres, muchachas y niñas de poca edad hacia el pozo sin fondo del comercio del lenocinio.

Es que todas ellas sienten y opinan como la Sra. Comprenden demasiado que son verdades que rinden poco. Sin embargo, hay una recomendable excepción entre los jóvenes escritores: Reginald Wright Kauffmong, cuyo trabajo The House of Bondage es uno de los primeros y serios esfuerzos para estudiar este mal social, no desde el punto de vista sentimental del filisteísmo burgués.

Periodista de vasta experiencia, demuestra que nuestro sistema industrial no ofrece a muchas mujeres otras alternativas que las de la prostitución. La heroína femenina que se retrata en The House of Bondage , pertenece a la clase trabajadora. Si el autor hubiese pintado la vida de una mujer de otra esfera, se habría hallado con idéntico asunto y estado de cosas.

Es imperiosamente inevitable que pague su derecho a existir, a ocupar una posición cualquiera mediante el favor sexual. Que nuestros reformistas lo admitan o no, la inferioridad social y económica de la mujer, es directamente responsable de su prostitución.

Sanger, La Historia de la Prostitución. Nuestros actuales reformistas podrían muy bien enterarse del libro del Dr. Entre 2, casos observados por él, son raros los que proceden de la clase media, de un hogar en prósperas condiciones. La gran mayoría salen de las clases humildes y son, por lo general, muchachas y mujeres trabajadoras; algunas caen en la prostitución a causa de necesidades apremiantes; otras debido a una existencia cruel de continuo sufrimiento en el seno de su familia, y otras debido a deformaciones físicas y morales de las que hablaré después.

También para edificación de puritanos y de moralistas, había entre esos dos mil casos, cuatrocientas mujeres casadas que vivían con sus maridos. Aunque la prostitución existió en todas las edades, es el siglo XIX el que mantiene la prerrogativa de haberla desarrollado en una gigantesca institución social.

El desenvolvimiento de esta industria con la vasta masa de personas que compiten mutuamente en este mercado de compra y venta, la creciente congestión de las grandes ciudades, la inseguridad de encontrar trabajo, dio un impulso a la prostitución que nunca pudo ser soñado siquiera en periodo alguno de la historia humana. Otra vez Havelock Ellis, aunque no se incline absolutamente hacia las causas económicas, se halla empero obligado a admitir que directa o indirectamente éstas vienen a ser uno de los tantos motivos, y de los principales.

Encuentra, pues, que un gran porcentaje de prostitutas se reclutan entre las sirvientas, no obstante sufrir menos necesidades. Pero el autor no niega que la diaria rutina, la monotonía de sus existencias de servidumbre, sin poder compartir nunca las alegrías de un hogar propio, sea también causa preponderante que las obliga a buscar el recreo y el olvido en la vida de los ficticios placeres de la prostitución.

Parece que el origen de la prostitución se remonta a ciertas costumbres religiosas, siendo la religión la gran conservadora de las tradiciones sociales, la preservó en forma de libertad necesaria y poco a poco pasó a la vida de las sociedades. Uno de los ejemplos típicos lo recuerda Herodoto; quinientos años antes de Cristo, en el templo Mylitta, consagrado a la Venus babilónica, se establecía que toda mujer que llegase a edad adulta había de entregarse al primer extraño que le arrojase un cobre en la falda como signo de adoración a la diosa.

El hecho que la prostitución religiosa se convirtiese en ley general, apoyada en la creencia que la actividad genésica de los seres humanos poseía una misteriosa y sagrada influencia para promover la fertilidad de la naturaleza, es sostenido por todos los escritores de reconocida autoridad en la materia. El Cristianismo, al escalar el poder político cambió poco semejante estado de cosas de la prostitución.

Los meretricios bajo la protección de las municipalidades se encontraban ya en el siglo XIII. Los principales jefes de la Iglesia los toleraron. Havelock Ellis, Sex and Society. A todo esto débese agregar lo que escribe el Dr.

Sanger en su libro citado anteriormente: El papa Clemente II, dio a la publicidad una bula diciendo que se debía tolerar a las prostitutas, porque pagaban cierto porcentaje de sus ganancias a la Iglesia. Por lo menos abiertamente no fomenta el comercio del lenocinio.

Aunque desearía mucho extenderme sobre la prostitución de Egipto, de Grecia, de Roma y de la que existió durante la edad media, el espacio no me lo permite. Estas corporaciones empleaban la huelga como medio de mantener inalterable sus precios. Hay otros no menos importantes y vitales. Me refiero al tema sexual, cuya sola mención produce ataques espasmódicos en la mayoría de las personas. A esta criminal ignorancia se debe que la entera existencia de una joven resulte deformada y estropeada.

Desde hace tiempo la gente se halla convencida que un muchacho, en su adolescencia, sólo responde al llamado de su naturaleza, es decir, tan pronto como despierta a la vida sexual puede satisfacerla; pero nuestros moralista se escandalizarían al sólo pensar que una muchacha de esa edad hiciese lo mismo.

Para el moralista la prostitución no consiste tanto en el hecho que una mujer venda su cuerpo, sino en que lo venda al margen del hogar, del matrimonio. Y eso que la prostitución, definida con propiedad, no significa otra cosa que la subordinación de las relaciones sexuales a la ganancia. El artículo 20 de la Ley contra la trata establece una penalidad de 5 a 10 años de prisión a quien contrate de forma lícita a una persona para prestar servicios sexuales y obtenga un lucro indebido.

Esta interpretación parece escandalosa. Existen precedentes judiciales en nuestro país que niegan la existencia de derechos laborales cuando deriven de la prestación de un servicio que no sea lícito, incluyendo en el concepto las actividades que no afecten a terceros a la sociedad.

Sin embargo, si el contrato es lícito y no se actualiza ninguno de los supuestos del artículo 19 de la Ley contra la Trata, no hay razón para que no deban reconocerse derechos laborales a las trabajadoras sexuales. Lo anterior es contrario a la codificación en la ciudad de México, debido a que el Código Penal establece como delito el lenocinio, sin establecer mayor requisito que la obtención de un lucro por parte del lenón, lo que se desprende de la lectura del delito.

Recordemos que hay personas que ejercen la prostitución desde la libertad y sin estar vinculadas a ninguna persona que las controle o maneje. Sin duda alguna, estos casos representan un problema, debido a que existe una gran ambigüedad respecto a la prostitución voluntaria y la prostitución forzada o trata. Por lo anterior es que considero que se debe reglamentar el ejercicio libre de la prostitución y otorgar derechos y obligaciones a las sexoservidoras independientes, incluyendo acceso a la seguridad social y revisiones médicas periódicas.

Juan Pablo Gutiérrez Rodríguez. Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Código penal para el distrito federal. Gaceta Oficial del Distrito Federal, Diario Oficial de la Federación, Costumbres sociales y moral judicial. Consultado el 29 de noviembre de Por un debate sin prejuicios1.

Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. XXI, febrero de Torres Patiño, Claudia Verónica. Este un tema que da mucho para comentar y opinar al respecto.

Aclaro tampoco es una critica de ninguna forma respecto a las personas que la ejercen, pero si a los consumidores de la misma. Estoy casi seguro que en la mayoría de los casos el origen son situaciones de vulnerabilidad social y económica. Guardar mi nombre, correo electrónico y sitio web en este navegador para la próxima vez que haga un comentario. Sin embargo, al no estar regulada la prostitución como ejercicio libre, es claro que esta actividad no es ilícita y, consecuentemente, puede ser objeto de un contrato laboral lícito En primer término, es prudente establecer lo que debe entenderse por una actividad lícita.

De la lectura de los artículos 19 y 20 de la Ley contra la trata se desprende que se deja abierta la posibilidad de que existe un contrato lícito relativo a la prostitución, siempre y cuando este se celebre sin engaños y no implique coartar la libertad de la prostituta El artículo 20 de la Ley contra la trata establece una penalidad de 5 a 10 años de prisión a quien contrate de forma lícita a una persona para prestar servicios sexuales y obtenga un lucro indebido.

Lenocinio concepto prostitua -

Esta doble modalidad moral tuvo no poca participación en la creación y perpetuación de la prostitución. No existe un escritor moderno que al tratar este asunto no señale la completa futilidad de estos métodos legislativos con sus innumerables medios de coerción.

Marxists Internet Archive, enero de Nuestros reformistas hicieron de repente un gran descubrimiento: Los diarios se llenaron de exclamaciones y hablaron de cosas nunca vistas e increíbles, y los fabricantes de leyes se prepararon para proyectar un haz de leyes nuevas a fin de contrarrestar esos horrores.

Resumiendo las recientes investigaciones sobre la trata de blancas -por lo pronto muy superficiales- nada de nuevo se descubrió. Y el desaforado grito contra la trata de blancas, es precisamente eso. Naturalmente es la explotación, que engorda el fatídico Moloch del capitalismo con una labor pagada a un misérrimo precio, lo que empuja a miles de jóvenes mujeres, muchachas y niñas de poca edad hacia el pozo sin fondo del comercio del lenocinio.

Es que todas ellas sienten y opinan como la Sra. Comprenden demasiado que son verdades que rinden poco. Sin embargo, hay una recomendable excepción entre los jóvenes escritores: Reginald Wright Kauffmong, cuyo trabajo The House of Bondage es uno de los primeros y serios esfuerzos para estudiar este mal social, no desde el punto de vista sentimental del filisteísmo burgués.

Periodista de vasta experiencia, demuestra que nuestro sistema industrial no ofrece a muchas mujeres otras alternativas que las de la prostitución. La heroína femenina que se retrata en The House of Bondage , pertenece a la clase trabajadora. Si el autor hubiese pintado la vida de una mujer de otra esfera, se habría hallado con idéntico asunto y estado de cosas.

Es imperiosamente inevitable que pague su derecho a existir, a ocupar una posición cualquiera mediante el favor sexual. Que nuestros reformistas lo admitan o no, la inferioridad social y económica de la mujer, es directamente responsable de su prostitución.

Sanger, La Historia de la Prostitución. Nuestros actuales reformistas podrían muy bien enterarse del libro del Dr. Entre 2, casos observados por él, son raros los que proceden de la clase media, de un hogar en prósperas condiciones. La gran mayoría salen de las clases humildes y son, por lo general, muchachas y mujeres trabajadoras; algunas caen en la prostitución a causa de necesidades apremiantes; otras debido a una existencia cruel de continuo sufrimiento en el seno de su familia, y otras debido a deformaciones físicas y morales de las que hablaré después.

También para edificación de puritanos y de moralistas, había entre esos dos mil casos, cuatrocientas mujeres casadas que vivían con sus maridos. Aunque la prostitución existió en todas las edades, es el siglo XIX el que mantiene la prerrogativa de haberla desarrollado en una gigantesca institución social.

El desenvolvimiento de esta industria con la vasta masa de personas que compiten mutuamente en este mercado de compra y venta, la creciente congestión de las grandes ciudades, la inseguridad de encontrar trabajo, dio un impulso a la prostitución que nunca pudo ser soñado siquiera en periodo alguno de la historia humana. Otra vez Havelock Ellis, aunque no se incline absolutamente hacia las causas económicas, se halla empero obligado a admitir que directa o indirectamente éstas vienen a ser uno de los tantos motivos, y de los principales.

Encuentra, pues, que un gran porcentaje de prostitutas se reclutan entre las sirvientas, no obstante sufrir menos necesidades. Pero el autor no niega que la diaria rutina, la monotonía de sus existencias de servidumbre, sin poder compartir nunca las alegrías de un hogar propio, sea también causa preponderante que las obliga a buscar el recreo y el olvido en la vida de los ficticios placeres de la prostitución. Parece que el origen de la prostitución se remonta a ciertas costumbres religiosas, siendo la religión la gran conservadora de las tradiciones sociales, la preservó en forma de libertad necesaria y poco a poco pasó a la vida de las sociedades.

Uno de los ejemplos típicos lo recuerda Herodoto; quinientos años antes de Cristo, en el templo Mylitta, consagrado a la Venus babilónica, se establecía que toda mujer que llegase a edad adulta había de entregarse al primer extraño que le arrojase un cobre en la falda como signo de adoración a la diosa.

El hecho que la prostitución religiosa se convirtiese en ley general, apoyada en la creencia que la actividad genésica de los seres humanos poseía una misteriosa y sagrada influencia para promover la fertilidad de la naturaleza, es sostenido por todos los escritores de reconocida autoridad en la materia.

El Cristianismo, al escalar el poder político cambió poco semejante estado de cosas de la prostitución. Los meretricios bajo la protección de las municipalidades se encontraban ya en el siglo XIII. Los principales jefes de la Iglesia los toleraron. Havelock Ellis, Sex and Society. A todo esto débese agregar lo que escribe el Dr. Sanger en su libro citado anteriormente: El papa Clemente II, dio a la publicidad una bula diciendo que se debía tolerar a las prostitutas, porque pagaban cierto porcentaje de sus ganancias a la Iglesia.

Por lo menos abiertamente no fomenta el comercio del lenocinio. Aunque desearía mucho extenderme sobre la prostitución de Egipto, de Grecia, de Roma y de la que existió durante la edad media, el espacio no me lo permite.

Estas corporaciones empleaban la huelga como medio de mantener inalterable sus precios. Hay otros no menos importantes y vitales. Me refiero al tema sexual, cuya sola mención produce ataques espasmódicos en la mayoría de las personas.

A esta criminal ignorancia se debe que la entera existencia de una joven resulte deformada y estropeada. Desde hace tiempo la gente se halla convencida que un muchacho, en su adolescencia, sólo responde al llamado de su naturaleza, es decir, tan pronto como despierta a la vida sexual puede satisfacerla; pero nuestros moralista se escandalizarían al sólo pensar que una muchacha de esa edad hiciese lo mismo.

Para el moralista la prostitución no consiste tanto en el hecho que una mujer venda su cuerpo, sino en que lo venda al margen del hogar, del matrimonio.

Y eso que la prostitución, definida con propiedad, no significa otra cosa que la subordinación de las relaciones sexuales a la ganancia. Sin embargo, al no estar regulada la prostitución como ejercicio libre, es claro que esta actividad no es ilícita y, consecuentemente, puede ser objeto de un contrato laboral lícito. En primer término, es prudente establecer lo que debe entenderse por una actividad lícita.

No obstante, la Constitución no define lo que debe entenderse por licitud. Al hablar de los derechos de la sociedad, en abstracto, la Constitución es ambigua y deja lugar a las interpretaciones.

Lo anterior es así porque la sociedad es heterogénea. Entonces, el termino de derechos de la sociedad puede llegar a ser muy subjetivo. De la lectura de los artículos 19 y 20 de la Ley contra la trata se desprende que se deja abierta la posibilidad de que existe un contrato lícito relativo a la prostitución, siempre y cuando este se celebre sin engaños y no implique coartar la libertad de la prostituta.

El artículo 20 de la Ley contra la trata establece una penalidad de 5 a 10 años de prisión a quien contrate de forma lícita a una persona para prestar servicios sexuales y obtenga un lucro indebido.

Esta interpretación parece escandalosa. Existen precedentes judiciales en nuestro país que niegan la existencia de derechos laborales cuando deriven de la prestación de un servicio que no sea lícito, incluyendo en el concepto las actividades que no afecten a terceros a la sociedad.

Sin embargo, si el contrato es lícito y no se actualiza ninguno de los supuestos del artículo 19 de la Ley contra la Trata, no hay razón para que no deban reconocerse derechos laborales a las trabajadoras sexuales. Lo anterior es contrario a la codificación en la ciudad de México, debido a que el Código Penal establece como delito el lenocinio, sin establecer mayor requisito que la obtención de un lucro por parte del lenón, lo que se desprende de la lectura del delito.

Recordemos que hay personas que ejercen la prostitución desde la libertad y sin estar vinculadas a ninguna persona que las controle o maneje. Sin duda alguna, estos casos representan un problema, debido a que existe una gran ambigüedad respecto a la prostitución voluntaria y la prostitución forzada o trata.

Por lo anterior es que considero que se debe reglamentar el ejercicio libre de la prostitución y otorgar derechos y obligaciones a las sexoservidoras independientes, incluyendo acceso a la seguridad social y revisiones médicas periódicas. Juan Pablo Gutiérrez Rodríguez. Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Código penal para el distrito federal.

Gaceta Oficial del Distrito Federal, Diario Oficial de la Federación, Costumbres sociales y moral judicial. Consultado el 29 de noviembre de Por un debate sin prejuicios1.

Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. XXI, febrero de

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